Al momento de requerir un corte de cabello acudí durante años a "la escuela de peluquería". Me han informado, sin el tacto que a mi parecer correspondía, que cerró.
Era una experiencia de lo más simpática, uno podía elegir a precio diferencial ser atendido por un alumno o un profesor. Escogía lo primero. Entonces uno de ellos se acercaba tímido y, luciendo muchas prácticas realizadas sobre su propia cabeza -cortes mal logrados, mechones quemados, tintura despareja- me preguntaba en voz bajita qué estaba buscando.
Cuando le explicaba - mi cabeza por fuera es bastante sencilla- con los ojos entrecerrados trataba de recordar la clase en la que enseñaron eso, al rato asentía un poco dubitativo y tomaba las tijeras. Era tal el medio a hacerme daño o algo irreversible que la abría y cerraba a varios centímetros de las puntas.
Después la peluquera docente venía y le preguntaba horrorizada qué me había hecho. Él se defendía con un lenguaje muy elaborado. La profesora le ponía la calificación y yo, con un lindo seis en la frente, salía sintiendo que había hecho un aporte a la formación de alguien, que colaboré en un específico marco pedagógico.
Esos días de sentirme usada y útil se acabaron. Mis crenchas crecieron, volvieron las porras. Me di cuenta que tenía que hacer algo cuando una tarde salí de bañarme a las tres y eran las 20:45 y seguía desenredándome el pelo.
Fui en busca de un nuevo peluquero. Encontré a alguien a quien llamaré Lidia. Junto a una amiga abrieron hace poco el local en la misma cuadra de la peluquería de su ex jefa, quien dice era una arpía. Usó esa palabra.
Las ventajas de Lidia
Es simpática, sencilla, veloz, está cerca de casa, es económica. Tiene experiencia e iniciativa.
Las desventajas de Lidia
No tiene en absoluto empatía física. No sé si es posible esta acepción, pero Lidia es incapaz de ponerse en tu lugar cuando está llevando acabo su oficio.
Desde el momento que empezó a desenredarme el cabello, noté cierto descuido hacía mi bienestar. Jalaba del pelo como si estuviera soldado a mi cuero cabelludo. De haber tenido cinco años, me hubiese largado a llorar. No obstante tratando de mantener una sonrisa soportaba sus tironeos estoicamente. A veces con disimulo trataba de sostener más arriba los mechones con los que estaba ensañada para evitar que la tensión recayera sobre las raíces.
En el momento de ponerme broches para separar mi cabello en capas, no la pasé mejor. Parecía desconocer lo agresiva que podían ser las puntas. Después empezó a humedecer el cabello con esos pulverizadores, lo más cómico fue cuando llegó a los mechones del frente. Me costaba mucho aguantar la risa porque con toda la buena onda del mundo, mientras me hablaba me rociaba la cara y yo pestañeaba más, me enjugaba los labios y ella no se percataba. Recordé a Silvestre, el gato de los Lonny Toons era como si me estuviera hablando.
El corte una maravilla. Me pregunto si estos detalles de tacto y sensibilidad se los enseñarán en las escuelas.
Lección tres: Cuando humedezcamos el cabello cuidemos de no tener el pulverizador demasiado lejos porque a más distancia mayor el radio de proyección y es probable que moje los ojos, la cara. Aunque sea verano o la temperatura sea muy elevada es poco probable que ello se disfrute.
Lección Cuatro: El cabello es una extensión del cuerpo, está conectada a él por terminaciones sensitivas: Si lo jala duele.
No hay comentarios:
Publicar un comentario