lunes, 28 de marzo de 2011

Cuerpos en transición

El otoño, este preludio de temperatura decadente e  inestable no me asienta. Seis pasos descalza hasta el baño equivalen a dos estornudos y un restriego compulsivo de los ojos.  La alergia entra por ahí dónde hay piel expuesta. En el balcón que pronto será un territorio enemigo, percibo que no soy la única con problemas de adaptación. El árbol frente a casa tiene las terminaciones nerviosas peladas, parecen dedos raquíticos y nerviosos. Cuando volteo escucho algo así como un estornudo vegetal, y tras eso unas trece hojas se despiden del resto. Así se van despojando las ramas. Los estornudos, algo fisiológicamente tan particular, en los árboles adoptan la forma de un movimiento brusco e imprevisible. La mayoría de los testigos casuales atribuirían al viento. Pero no. Basta acercarse lo suficiente para sentir que la ráfaga la genera el árbol al mismo tiempo que emite un sonido bastante discreto para semejante tamaño.

Hay un ataque a su integridad, a su pudor, algo muy sádico. El viento los desnuda en plena epoca otoñal. 
Siempre disfruté de su presencia, su ramaje de telaraña en invierno, su follaje de confites mentolados en verano, ahora en cambio me siento un tanto cercana. Ninguno de los dos se siente fuerte frente a las estaciones frías. Nací un día antes de que empezara esta estación, me pregunto: si llegaba durante su mandato, ¿toleraría mejor sus embates?


"... Las hojas muertas se juntan con pala,
los recuerdos y arrepentimientos también
y el viento del norte las lleva
por la noche fría del olvido..." Ives Montand

(En francés suena tanto más bonita)

Bonne nuit

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