viernes, 24 de junio de 2011

Como el sol que burla el pronóstico


Es de público conocimiento que la vida en nuestro planeta es posible única y exclusivamente gracias al astro mayor que irradia una energía tan poderosa, tan intensa que suscita la devoción entre seres vivos y cuerpos completamente inanimados. Por el contrario su relación con la vitalidad, entendiendo por ella, una voluntad alegre, un extra de lucidez, entusiasmo y animosidad, sobre todo para realizar tareas que no deparan ninguna sorpresa; esa relación no ha sido muy estudiada. Por falta de tiempo de quien escribe, esta no será la excepción.

Sólo quería decir que ayer noté que en Buenos Aires llevábamos por lo menos dos semanas sin sol. Lo noté con fastidio, con gran desazón. Nadie ha muerto por ello pero creo que repercute seriamente en la rutina. Cuando hay sol es más fácil hacer bien las cosas, ser amable, pensar que todo sigue un curso positivo,  mudarse el pijama. Cuando no, al principio uno finge que no le importa, dos o tres días; al cuarto la molestia ha crecido pero aún nos abstenemos de formularla concientemente, a la semana viene un quejido casi mudo, un ligero refunfuño. Pero al día trece, al abrír los ojos y confirmar por la luminosidad del cuarto que el sol sigue ausente, directamente lanzas una maldición a viva voz. Te levantás pensado que la vida es un infierno, que todos están locos, que nada tiene sentido, que si no hiciera tanto frío te irías a escupir autos, así, en pijamas.

Esta mañana, como muchos habrán podido apreciar, amaneció radiante, colmó la sala, florecieron sonrisas en los recién levantados. El café no fue una urgencia, el frío quedó opacado.

* Más información sobre las particularidades en la salida del sol: La Calle del agujero en la media


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