sábado, 4 de junio de 2011

Tres episodios en apariencia desconectados

Primer Episodio
....
Hay un conducto que transporta directamente el frío de mis pies a mis glándulas nasales. Sufro por las mañanas  porque los grados famélicos que hay circulando por el amibente, se me pegan por todo el cuerpo y como garrapatas me roban el calor.  
Al cabo de un rato el noventa por ciento del cuerpo se semi-adaptó, pero los pies, con los pies no hay qué hacer, están cadavéricamente helados. Me siento con las piernas cruzadas, apoyo sobre ellos mis probables siete kilos de gambas. No funciona. Entonces comienzo a tirarles telas y lanas. Todavía helados. Frío que entra, frío que sale por la nariz a los cinco minutos. Es una suerte de fotosíntesis del estereotipo invernal.

Segundo Episodio

Hay una gata en la casa que se llama Zama, que suena a Ema aunque ello no sirva de nada. Estella, estilo angelical moderno, trabaja de voluntaria en la Sociedad Protectora de Animales Sarmiento. “Ema, se porta así porque está ansiosa por salir”, dice y con disimulo trata de lograr que Ema suelte el cinto de su saco.  Hasta ese entonces Ema, salta en su ph con entrepiso. El chiste estuvo bueno: “Si tuviera pulgares opuestos estaría haciendo sonar una latita”. No sé si fue de Juan o su hermano.

Un gato es para alguien que tiene mucha gente que lo quiere y se lo demuestra a seguido. Con Juan leímos sobre el lenguaje corporal de los gatos.  Se dio una suerte de “escena con metalenguaje”  del tipo: Un hombre mira una película  en el cine,  mientras otro en un plano diferente hace lo mismo. La escena es la siguiente.

Con Juan vemos las ilustraciones, las viñetas indican:
                                                     
                                                               
      ... miramos al gato;





...Juan no sobrevivió para contar la historia.


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