1) Una marca que se impuso por sobre el producto y el sustantivo que lo designa: apósito o bien tira adhesiva sanitaria.
2) (La obvia pero demasiado general para el caso) Un corte, una raspadura, una ampolla.
3) Lo que realmente se esconde:
3.1) Una ensalada en preparación, un tomate a medio cortar, la lechuga serpenteada en la fuente. En la calle alguien frena a último momento, el ruido agudo de las gomas en fricción con el asfalto sube hasta la ventana de la cocina. Un sobresalto, un descuido, un poco de sangre en la punta del índice. En comparación con el rojo del tomate, el del dedo contiene más dolor. El cuchillo es tirado con brusquedad como si hubiera participado adrede.
3.2) Un corta pizza de hoja circular que espera impaciente secarse y ser trasladado al cajón de utensillos especiales. Cajón, que al no se solicitado con tanta frecuencia como el de los cubiertos diarios, permite un descanso más profundo y prolongado. Parte del filo sobresale por debajo del secaplatos metálico que se abre en forma de catre. Con el trapo amarillo seca la mesada, al pasar la mano por donde lógicamente está más mojado, la hoja rueda sobre su dorso. Se dibuja una linea perfecta que no tarda en ensancharse por la sangre. Un grito con gran dosis de sorpresa. Una maldición. El trapo ahora chupa la sangre camino al ropero. En la caja de pastillas están las curitas.
3.3) Una pareja discute mientras camina a toda prisa a la terminal de ómnibus. Ella viajará por tres semanas; las cosas no deberían quedar así. El traqueteo de las ruedas de la valija refleja el ritmo acelerado que llevan y suma tensión. Apenas miran hacía adelante, están más atentos a los gestos de expresión y reacción del otro. A mitad de cuadra un grupo de chicos ocupa gran parte de la vereda. Se desvían. Uno de los nudillos de él roza la punta metálica de un basurero. Una puteada. Se detienen, ella toma su mano, la herida no es tan profunda. Se miran, se calman, sonríen y saben que todo va a estar bien entre ellos. En los días siguientes él llevará una curita y de tanto en tanto la mirará con ternura.
3.4 Un gato temperamental, nuevo integrante en una familia acostumbrada a tener perros. El niño lo alza a cada rato, le acaricia con demasiada presión, juega con sus patitas. El gato aguanta la molestia que esto le ocasiona, aún no sabe como reaccionarán ante una muestra de carácter. Tanto tiempo en una jaula, no quisiera volver allí y la calle, ni pensar en la calle. Además parecen sujetos simpáticos, el lugar es cómodo, si no fuera por ese chico insoportable. Una tarde el niño quiere que el gato atrape un pedazo de papel, el gato reflexivo finge indiferencia, el niño acerca más su mano para agitar el papel cerca del hocico. Un movimiento perfecto, imprevisto, sumamente ágil desgarra con tres uñas la muñeca. El niño tira el papel asustado, llorando se queja ante la madre, que defiende al gato y pone una curita al niño.
Engrapadoras, cajones, golpe certero y furioso contra la pared, una manopla que se corrió un poco y nos hizo apoyar las yemas en la fuente ardiendo; un juego de básquet, zapatos nuevos, copas rotas, carreras hacia el colectivo que ya arranca, paseos en bicicleta, caidas del árbol.
Detrás de cada curita hay una historia que por sencilla y breve que sea, marcó una diferencia con el día precedente y el posterior. Es algo que no se planea, ni se prevé. Escapa a la rutina, nos enrostra el cuerpo, su vulnerabilidad, la composición sanguínea. A riesgo de sonar masoquista, festejo estas pequeñas irrupciones en la dermis tan ligadas al descuido, que nos alertan sobre la alienación y de paso permiten a la industrias de los apósitos continuar en pie.
Un profesor, materia teórica, muy comedido en sus movimientos, sin rasgos de perfil agresivo, porta una curita en su dedo mayor: ¿qué pudo haber pasado?
Esas pequeñas cosas que irrumpen en nuestras rutinas, nos sorprenden y nos recuerdan que sOmos seres extremadamente Finitos. Alexander...
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